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HABLA JUANA HILDA

febrero 14, 2013

images juana hilda
Recupero esta entrada, la principal del caso Wallace ya que fue con la entrevista a Juana Hilda como comencé con este apasionante y peligroso caso, peligroso, claro está, si lo que se busca es la verdad. Así pues de nuevo está en el blog el aetículo Habla Juana Hilda. ¡Disfrutenlo!

¡Ahora escúchenme a mí!
Dice una angustiada Juana Hilda González Lomelì, la mujer acusada de haber sido el gancho para secuestrar y asesinar a Hugo Alberto Wallace Miranda.
Bajo esos kilos de más, propios de un reciente alumbramiento, se adivina una espectacular figura propia de su profesión antes de caer presa. Es una mujer bella que se dedicaba al medio del espectáculo, siendo integrante como bailarina profesional del grupo Clímax, cuyo mayor éxito fue la canción: “Zas zas zas, la mesa que más aplauda”.
Fue hace unos meses, posiblemente por febrero, cuando viendo en algún programa de televisión a la señora Miranda, ésta mencionaba a Juana Hilda. Decía que estaba embarazada y qué cómo podía ser eso si estaba presa y no salía.
La verdad que me hizo gracia, pues el cómo todo el mundo lo sabemos, la cuestión era en todo caso con quien o en dónde. No es nada raro que una presa se quede embarazada, ya que la íntima es un derecho de todas y sólo tienen que tener pareja como era el caso de Juana Hilda.
Sobre ésta historia mis conocimientos eran como los de cualquiera que sabe más o menos lo sucedido por los espectaculares que aparecieron por la ciudad y por la fama de justiciera que adquirió la admirable señora. Ahora, al oír el nombre de Juana Hilda, pensé que sería bueno oír su historia y traerla al blog.
En mi visita a Santa Martha, tras estar decidido a contactar con ella, pedí a una amiga que la conocía, si la podía decir que me interesaba entrevistarla para mi blog. Fue en mi siguiente visita cuando me informa que sí, a Juana Hilda también le interesaba una entrevista conmigo. Era martes, el domingo fui a Tepepan y cual sería mi sorpresa cuando me dicen que acaban de trasladar a Juana Hilda a este lugar, pues ya le faltaba poco para tener a su niña. Pensaba que me sería más fácil la entrevista pero fue todo lo contrario, tan sólo una vez y de lejos conseguimos saludarnos con la mano. Fue tras su alumbramiento y ya de regreso a Santa Marta cuando al fin consigo entrevistarme con la bella mujer.
Juana Hilda viene ya preparada y me trae un manuscrito en donde cuenta su versión de los hechos. Está es su historia.
Todo inicia el 12 de julio del 2005 cuando se encuentra en el domicilio de Perugino # 6 depto.4 Colonia Extremadura Insurgentes. Como a las cuatro de la tarde había solicitado por teléfono un pedido de sushi. Son aproximadamente las cinco cuando baja a por él y al abrir la puerta del edificio, se percata de que entran muchos policías y personas de civil y entre otros afuera hay unas señoras y le preguntan dónde estaba el departamento 4, les señala que arriba y que en un momento los atendía, ya que estaba pagando un pedido. Las personas se pasan al edificio y en eso abre la puerta de su departamento, en la parte baja, su amiga Vanesa y le dice: “Pasa amiga, te estaba esperando para comer”, pues habían quedado en que ahí comerían. Juana Hilda pasa a una de las recámaras donde se encuentra el hijo de Vanesa, pero apenas entra cuando la llaman y al acudir la comienzan a interrogar. Antes, cuando estaba pagando el pedido, la señora Miranda ya le había hecho alguna pregunta.
-Es usted la del departamento 4 –le preguntan.
-Sí, -responde tranquila y sin titubeos.
-¿Qué hizo ayer a la noche?
-fui al cine con una amiga.
-Conoce usted o es novia de Hugo Alberto Wallace.
-No lo conozco, ya se lo he dicho momentos antes a la señora que se encontraba fuera. Yo tengo novio pero vive en Cuernavaca y tengo dos años con él.
La siguen interrogando y le dicen que están buscando a una mujer rubia, de ojos verdes, nalgona, de bubis grandes y que trabajaba en el Konditori, pero que se prostituía, a lo cual muy molesta, Juana Hilda responde que están equivocados, pues ella no se prostituía ni tampoco era rubia y de ojos verdes.
-¿Y por qué conmigo, eh? Les dice Juana Hilda ya temerosa ante el rumbo que iban tomando las cosas.
Le responden que la camioneta de ese muchacho estaba a tres cuadras y que preguntando a vecinos por las características de la mujer que ellos buscaban, les dijeron el número del edificio y que había varias gûeritas, pero que si ella no era, si le podían hablar en ese momento al chofer del muchacho para que la viese, ya que él si conocía a la mujer que buscaban y que salía con Hugo Alberto Wallace.
Juana Hilda contesta que sí y en ese momento le hablan al chofer. Es un muchacho chaparrito, moreno y delgado. Lo ponen frente a ella, que sigue en la puerta del departamento de Vanesa y quien está presenciando todo lo que sucede.
-¿Es ella la mujer? -Le pregunta por Juana Hilda la policía al chofer.
El muchacho se le queda viendo de arriba a bajo y enseguida contesta: ¡No!
-Seguro qué no es ella, porque ella es la del departamento 4 –todavía le vuelven a preguntar.
-¡No! La muchacha que yo conozco es más alta, rubia, más chichona y nalgona –responde seguro el chofer.
Entonces los policías se dirigen a Juana Hilda:
-Disculpe señorita pero este es nuestro trabajo.
-No hay problema –les responde Juana Hilda.
Los policías se retiran saliendo del edificio para quedarse en la calle sobre la banqueta. En esos momentos hablan más familiares de Hugo Wallace y a todas las personas que iban llegando al edificio les preguntan lo mismo. Estaban muy agresivos y desesperados y los asustaban. Juana Hilda se percata cuando llega una compañera del edificio con su novio y los paran en la puerta del edificio para preguntarle a ella lo mismo y otro tanto sucede con la vecina del depto. 3 y es que ellas también eran gûeritas.
Al poco rato Juana Hilda se retira del lugar, la acompaña Vanesa con los bebés para tomar un taxi y no irse sola, ya que era un poco tarde, como las 9 de la noche.
Toma el taxi y regresa a su domicilio para dejar a Vanesa con sus bebés y ella se va.
Al día siguiente temprano regresa a su departamento a por una maleta con ropa, pues se va de viaje como lo hace continuamente dada su profesión y se retira. No ha visto nada fuera de lo normal
Pasan 16 días cuando regresa a su departamento y lo primero que observa es que su puerta está abierta y como ya la habían robado en dos ocasiones, de inmediato presiente que algo no está bien. Entra y observa que sus cosas están movidas pero muy discretamente. En cuanto ve su alhajero se da cuenta que le faltan sus joyas, sus lentes de marca que son como diez pares y dos teléfonos.
Al salir Juana Hilda del edificio se encuentra con una vecina, quien la comenta que días antes, como el 15 0 16 de julio, vio a unas personas dentro de su departamento tomando fotos, ya que comentaban que ahí ella tenia a alguien secuestrado, ya que había dejado la televisión prendida, siendo que por costumbre siempre la dejaba así y cuando no era la televisión era la radio, pero nadie sabía eso y lo hacía precisamente con el fin de que se pensaran que ella estaba en el departamento y no entraran a robar.
Le preguntó a la vecina si sabía quién había entrado y lo único que le supo responder fue que la misma señora que la había interrogado el 12 de julio. Juana Hilda ignoraba que todavía seguía ese problema, ya que desde aquel mismo día para ella había quedado aclarado.
Se retiró del lugar y lo que vio prudente fue hablarle a la casera del edificio y preguntarle si ella sabía algo sobre lo que estaba pasando ahí, ya que ella era la encargada del edificio. Lo único que la casera le dijo fue que desconocía si pasaba algo.
Le cometò que se habían metido a su departamento y la habían robado y de nueva cuenta le preguntó si sabía algo, a lo que de nuevo la casera le responde que no.
Ésta era la tercera vez que la robaban, siguió informando Juana Hilda a la mujer, y ya no estaba dispuesta a exponerse a más, por lo cual ya le iba a entregar el departamento y que aparte se iba a ir a Miami a gravar unos videos y que de una vez se lo iba a entregar, ya que estaba muy molesta y asustada por todo lo que estaba pasando. Le comentó también como se pensaba traer a su hija a vivir con ella, pero así no podía hacer nada.
La casera le entendió, ya que nunca había dado problemas de ningún tipo y así dejó el departamento de Perugino, en el que siempre vivió ella sola.
Después de una gira y grabaciones de videos y películas, en Los Ángeles, Miami y México, regresó en noviembre de ese mismo 2005 al DF y se va a vivir a la casa de su novio en Tenorios 91 casa 5-C Colonia Villa Coapa. Pasan dos meses cuando el 11 de enero del 2006 la detienen en la entrada de la casa sin ninguna orden judicial, tan sólo le preguntan su nombre y la suben a una camioneta roja sin que oponga resistencia. La llevan a las oficinas de la SIEDO. Cuando llega a las oficinas se percata de que ahí tenían también detenido a su hermano, detención que se había efectuado momentos antes.
Enseguida la comienzan a interrogar, preguntándole desde que llegó a erradicar al DF. En todo el interrogatorio está acompañada por una defensora de oficio.
Después de toda la declaración la siguen preguntando por el día 12 de julio del 2005, respondiendo lo mismo que nos relata anteriormente.
Así la tuvieron sin dormir hasta el día siguiente. Después del cateo que hacen en el domicilio de tenorios le dicen que han encontrado armas, a lo cual responde que desconocía estuviesen ahí. Un supuesto licenciado de la SIEDO le dice en tono amenazante que tenía que decir que eran de su novio o de lo contrario se las iban a poner a su hermano, a quien volverían a detener, pues ya lo habían dejado libre el mismo día anterior ante la falta total de pruebas.
Ante el temor de que volviesen a detener a su hermano, declara que efectivamente, las armas eran de su novio, aunque en verdad no las había visto, pues apenas tenía menos de tres meses viviendo con él, e incluso hasta esa fecha todavía ellos ni tenían su nombre.
Es la propia Juana Hilda quien les da el nombre de su novio, Cesar Freire, pues se suponía que a la que andaban buscando y que traía averiguación era ella, por ser gûerita y ya que en el cateo encontraron fotos de la pareja con Jacobo Tagle y Brenda quienes eran amigos y compañeros de profesión de Juana Hilda y le decían que el que tenía que ver en todo esto era Jacobo. Juana Hilda no se resistió a nada y trató de cooperar explicándoles todo lo que le preguntaban.
Así permaneció hasta que la trasladaron a la casa de arraigo en la colonia Doctores y que fue el 14 de enero.
A los 4 días de estar en la casa de arraigo la bajan al área de diligencias y en el cubículo al que la llevan se hallan 6 hombres, lo cual le extraña mucho, pues sentía pesado el ambiente.
-¿Por qué tantos hombres y para qué la estaban citando? –le pregunta a un Ministerio Público que se encuentra junto a ella.
Le contesta que para ampliar su declaración, ya que no había quedado bien la anterior.
Desconociendo por completo sus derechos trata de cooperar con ellos y de nuevo les cuenta lo mismo que en la SIEDO, además aporta algunos datos más sobre su novio. Le dicen que ya saben que ella no tenía nada que ver, pero que él con su amante sí lo había hecho. Juana Hilada les manifiesta que de ser verdad lo que le dicen ella no podía afirmar nada, pues desconocía por completo lo que le señalaban y que lo buscaran, pues ella no lo iba a encubrir.
Así es como les dice lo único que ella sabía: en dónde lo podían localizar, los domicilios de sus negocios, los números telefónicos y hasta los tatuajes que tenía, ya que ellos no tenían nada de eso. Y efectivamente, a unos días logran detenerlo y justo con una amante.
Agrega Juana Hilda que en esa diligencia le dieron a firmar la declaración y se la leyeron, sin embargo desconoce si exista, ya que no estuvo su abogada presente y así mismo desconoce quién les dio acceso a esas personas y quiénes eran, pues en realidad nunca se identificaron con ella.
Recuerda perfectamente que en esa diligencia duró 6 horas, pues al fin les dijo que ya estaba muy cansada, ya que no había comido nada y de no decirles eso, la hubiesen tenido más tiempo.
Preguntaban al mismo tiempo varias cosas tratando de confundirla y el dolor de cabeza de la joven ya era insoportable, les dijo de nuevo que se sentía mal y ya la dejaron retirarse.
Después de esa ocasión ya no la molestaron hasta el 8 de febrero. Son como las diez de la mañana cuando la pasan a un cubículo donde se hacen las diligencias. Llega un Ministerio Público de SIEDO junto con dos personas más de sexo femenino, las cuales le indican que la tienen que tomar dos fotos que necesitaban. Juana Hilda les pregunta si era obligatorio que se las tomaran a lo que la responden que sí, volviendo además a pedirle todos sus datos generales, mientras esto sucede la están gravando y todo ello, de nueva cuenta, sin la presencia de su abogada. Después de esto la pasan a que ponga sus huellas en unos pedazos de cartoncitos y depuse le indican que se esperara, para subirla finalmente a su estancia.
Son como la 1.30 p.m. cuando le dicen que tiene diligencia y de nuevo la bajan. Le dicen que tiene que ir con ellos, son los de la SIEDO, a los que les responde ¿Por qué?
-Porque tiene una audiencia –le contestan.
Juana Hilda les señala que siempre se las han hecho en esos cubículos y estaban desocupados, sólo uno se encontraba ocupado y ahí estaba su novio Cesar Freire. Le responden que ahí no podía ser porque su abogada no podía pasar a ese lugar, que ella iba a estar en donde iban, que la iban a sacar del arraigo para llevarla a la SIEDO y ella sin saber, hace todo lo que le indicaban y que era ilegal.
Cuando llega a las oficinas de la SIEDO la pasan a un cuarto con dos escritorios y pasa un tipo a interrogarla. Ella comienza a platicar con él, quien es el mismo tipo que le hace el primer interrogatorio el día 11 de enero. Ahora le vuelve a reiterar lo mismo que en aquella ocasión, que ella no sabía nada.
El se porta muy amable con ella y le ofrece de beber agua, le trae una botellitas y cuando se acaban le trae más. Como a la media hora llega una licenciada que al parecer es Ministerio Público y platica un rato con él para luego retirarse, entonces él la pasa a un cuartito que era muy pequeño y de un segundo a otro cambia su tono de voz y su trato hacia ella. La estrecha muy fuerte del brazo y con palabras altisonantes la comienza a decir que ya estaba harto de estar lidiando con ella, que si estaba tan pendeja como para no haberse dado cuenta en tanto tiempo que su novio era un secuestrador y ella tan estùpida viviendo con él y que además ya tenía toda la información.
Juana Hilda, sintiéndose ya muy mal y con mucho miedo, le responde una vez más que ella no sabe nada, que de verdad ignora todo lo que le decía. Entonces él la agarra del cabello y la pone de rodillas en el piso y la pistola en la cabeza y le dice:
-¿Qué piensas, que si refundo a tu hermano en la cárcel crees que puedas cooperar?
-O mejor escucha –continúa el torturador y marca el número del telcel de la hija de Juana poniéndole a ésta la bocina en su oído.
Juana Hilda le quita la bocina y le pide que deje en paz a su hija y qué quiere que haga.
-¡Ah, vaya! ¿Ya vas a cooperar? –le pregunta el torturador burlándose.
Juana Hilda comienza a temblar y a llorar y siente un gran temor, pues jamás le había pasado eso. Ya días antes había hablado con su hija y el papá de ésta, quien le dice que había gente rara en la esquina de su casa, como si los estarían vigilando, esto es en Aguas Calientes. Ella trata de tranquilizarlos diciéndoles que no se preocuparan, que todo era parte de la investigación pero que no bahía problema, que simplemente estaban checando que no hiciera nada ilícito.
El torturador la seguía diciendo que ella no podía hacer nada, que todo estaba en su contra, que él con una llamada hacía lo que quería y como prueba era que no la podían sacar del arraigo, pero los que mandaban eran ellos. Que ya sabían que no tenía nada que ver, pero su pareja sí. Que su amante ya había dicho todo, ya que era ella quien hablaba por teléfono a Hugo Wallace.
Juana Hilda una vez más volvió a decir que desconocía todo esto.
-Pues no tienes opción, tienes que decidir todo lo que yo te diga, ya que al salir de aquí te van a estar esperando policìas del Distrito y ellos no te van a tener compasión, no te van a creer que eres inocente y ellos si te van a dar para abajo, frase que en aquel momento no entendía.
-Entonces qué, ¿ya vas a cooperar o marco de nuevo? –le volvía a preguntar.
Juana Hilda no paraba de llorar de impotencia y de miedo.
Entonces el individuo le tapa la boca y le empieza a tocar el busto.
-¡Ah, mira qué bonito! ¿A poco no sientes rico? –Le dice mientras le sigue tocando y continúa –Te pregunto porque ahorita que te lleven los otros policías que son como diez, te van a tocar así de rico.
Juana Hilda ya no aguantó más tanta injusticia y prepotencia.
-¿Qué es lo que quiere? Déjeme en paz. –le suplica desolada.
-Nada, solamente vas a aceptar todo lo que yo diga que dijiste y claro, vas a firmar, pero delante de tu abogada no puedes preguntarme ni decir nada de esto, porque para que veas que esto es en serio, ahorita te vas a dar cuenta de que ya están detenidas otras personas y se cumple todo lo que yo digo.
Juana Hilda piensa que entre los supuestos detenidos puede estar su hermano, por lo que ante el temor de que así sea le dice al tipo que iba a hacer lo que le pedía pero que dejase a su familia y ya no la tocase más.
En eso regresa al escritorio, abre la puerta y entra la Ministerio público. El policía le dice que ya va a empezar pues Juana Hilda ya le estaba diciendo todo y le empieza a dictar lo que supuestamente le había dicho.
Son las 4 de la tarde cuando llega su abogada y le dicen que su defendida ya había declarado todo, mientras que el tipo que la ha interrogado, al lado de Juana, no deja de mirarla disimulando su mirada amenazante.
-¿Estás bien? –le pregunta su abogada porque la ve mal.
Juana Hilda le contesta que está bien.
-Si quieres no firmamos porque yo te veo mal y además yo no estuve aquí cuando supuestamente dijiste todo –insiste su abogada.
Juana Hilda con el temor de todo y con la presencia del tipo ahí, quien llega incluso a discutir con la abogada por insistir en no firmar ante lo mal que veía a su defendida, dice que sí quería firmar y que sí había declarado todo, pues ya sentía que de no hacerlo la iban a matar a ella o a alguien de su familia, a ese grado estaba ya aterrorizada.
Ya estaba decidida a que hicieran con ella lo que quisieran, lo único que quería era que no tocasen a su familia.
-En esos momentos ya no me importaba nada –dice Juana Hilda.
Dan las siete y la abogada ya se tenía que retirar. Antes de hacerlo le pregunta de nueva cuenta que cómo se siente, ahora le responde que mal, pero que no pudo hacer nada porque no le permitieron hablar con ella. Entonces la abogada molesta les dice que de cuándo acá los abogados no más están de adorno, pero Juana Hilda para no meterse en más problemas le dice que no pasaba nada y ya firma los papeles que le dan.
En esos momentos empieza a perder la cabeza sin acordarse con exactitud que pasaba, pues empezó a marearse y se le nublaba la vista. Lo único que recuerda antes de que se fuese la abogada es que le preguntó si ya no le iban a llevar los policías de afuera, porque con esa condición había firmado.
-¿De qué policías me hablas? –le pregunta la abogada.
Le responde que el tipo ese le había dicho de ellos.
La abogada muy molesta le dice:
-Mira, no sé quién te haya dicho eso, ahorita llevo mucha prisa, pero mañana voy a verte al arraigo y si te amenazaron o te hicieron algo me lo dices, porque incluso yo no sé ni por qué te sacaron, si no tenían el permiso para hacerlo, pero me explicas todo mañana y no importa que ya hayamos firmado, pues como yo no estaba meto una demanda de todo esto.
Lo anterior se lo dijo delante de todos ellos y se retiró.
Hacen la finta como que ya se la van a llevar cuando la regresa el mismo tipo y la comienza a decir si de verdad no creía que la podían dar para abajo y no sólo a ella sino a toda su familia. Le pregunta para qué le dice eso a su abogada, que ya le había dicho que con nadie debía platicar, ni con los AFIS ni con nadie. La sienta y la empieza a decir tantas cosas que cada vez se sentía más mareada y lo empieza a escuchar pero lejos, a la vez que le daba mucho sueño y cae en un profundo sopor. Ya no recuerda nada hasta aproximadamente diez horas después.
Son como las 5 de la madrugada cuando la suben a una camioneta. Desconoce el destino que llevan, recuerda que le señalan un GIM del papá de una amiga y les dice que sí era ese. Unas cuadras delante de esa dirección, entre Cuahutèmoc y Morena, la camioneta en la que viaja choca contra otra. El impacto es brutal, siente que se le va la respiración. De lo único que se da cuenta es que el golpe lo reciben exactamente en el lado que va ella. Fue cosa de segundos y de inmediato se da cuenta que la pasan a otra camioneta porque venían los medios de comunicación y no tenían permiso para llevarla. A lo lejos empieza a escuchar gritos desesperados de varios agentes de la AFI que decían: ¡Martín, Martín! Después de unas horas se informaría que el tal Martín, chofer de la camioneta que la trasladaba, falleció en el hospital a causa del accidente.
En el accidente, otros varios AFIS quedaron con lesiones. Calcula que llega al arraigo como a las 6.30 del nuevo día y en chock total. No la pueden atender, pues sólo cuentan con un doctor y tiene que ir a la dirección del choque a atender a los heridos de la AFI. Son como las diez de la mañana cuando le dan una hoja en blanco para que la firme y la persona que se la da es la misma que la iba supuestamente cuidando desde que salen de la SIEDO, o sea, que era personal de ésta dependencia.
Le dicen que la firma en blanco era con el fin de que ya la pudiesen atender médicamente. En su estado no le queda más que firmarla sin pensárselo mucho, pues lo único que desea es que la atiendan, ya que padece fuertes dolores por todo el cuerpo.
El día que firma la hoja es el 9 de febrero, el día 14, lunes, va la abogada a verla y se entera de todo lo ocurrido. Juana Hilda le comenta lo de la hoja y se van enterando que la firma era una declamación en donde no demandaba a nadie por el accidenté ya que sólo tenía unas cuantas lesiones. Una vez más y ya no sabía cuantas, la habían vuelto a engañar.
La abogada ya enterada de todo lo que le había sucedido a su defendida desde aquella madrugada del 8 de febrero, mete una demanda a Derechos Humanos, quienes nunca van a verla, mientras que Juana Hilda permanece más de dos meses con un collarín en el cuello, ya que el día 10 la sacaron de urgencias para unas radiografías y la tuvieron que ponerle dicho aparato y ya quedó todo como si nada hubiese pasado.
Fue más adelante cuando un comandante del arraigo solicitó un perito para que certificara todas las lesiones que traía, pues sí eran bastantes. Al margen del cuello traía una lesión en la columna y no podía caminar bien. Gracias a esto puede ahora comprobar ese accidente y hasta los moretones que le hizo la persona de la SIEDO con los apretujones ahí salieron, porque eran muy obvios.
No recuerda bien con exactitud, pero como 4 días después del accidente, llega al arraigo la que se ha convertido en su peor pesadilla, la señora Miranda y la solicitan en un cubículo. La señora Miranda llegaba con un Ministerio público de SIEDO, el que siempre había estado abogando por ella, como si en realidad trabajase para ella.
La señora Miranda, con mirada amenazante le dice a Hilda que si no la ayudaba le iba a dañar a la familia. La muchacha temerosa tan sólo escuchaba hasta que no pudo más y se puso a llorar.
-Por favor, ya no me haga más daño –le suplica a la mujer que no deja de atosigarla y condenarla.
Para llegar al arraigo, la señora Miranda dice que fue la propia Juana Hilda quien había solicitado su presencia, lo cual es totalmente falso.
¿Cómo para qué iba a querer tener frente así a la mujer que no hacía más que condenarla?
La señora Miranda la termina diciendo que ella tan sólo quería la ayudase a rectificar la supuesta confesión, para hundir a Cesar Freyre. Que ella quería hundirlo a él y a toda su familia que ella tenía el dinero necesario para poder hacer lo que quisiera y lo podía comprobar con lo que les había pasado a la mamá y hermana de Freyre (estaban en la cárcel).
Juana Hilda ya no le responde, trata de seguirle la corriente por miedo, lo que era natural ante todo lo que la había hecho. Claro que sabía que esa señora la podía hacer muchas cosas.
Dos días después de la inesperada vista de la señora Miranda vuelve al arraigo el mismo Ministerio Público de dos días atrás acompañado ni más ni menos que por el torturador de la SIEDO. Llegan con otro individuo y le dicen que esta persona viene departe del juez para ayudarla.
La pasan a un cuarto que no eran en los que se efectuaban las diligencias, era otro en donde tenía puertas de seguridad. Ella se siente muy mal por el accidente, del cual y hasta la fecha siente muchas molestias. En esa ocasión les dice que tenía muchos dolores y qué querían y el torturador le dice que por última vez le pide que ratificara la concesión.
Aquí faltan 2 hojas que no sabe en dónde han quedado, lo que no me deja seguir al detalle con las otras 2 que faltan, no obstante vamos analizando todo en la entrevista de palabra que dura un buen rato.
Desde que me informan que está dispuesta a darme la entrevista y tras enterarme bien como está el caso, o más bien, enterarme como lo han presentado los medios de comunicación y la propia señora Miranda, tengo mis dudas en cuanto a lo que me pueda decir Juana Hilda, pues… ¿Qué puede alegar o informarme si ya se ha declaro culpable? Sin embargo tengo cierto interés por saber que me puede decir ante tan contundentes pruebas en su contra. Ahora, después de la entrevista, no sólo creo que puede haber alguna posibilidad de que sea inocente sino que creo firmemente que lo es, cuando menos si las cosas sucedieron como las cuenta y creo que no tiene porque cambiarlas. Analizando esto vemos que en la madrugada del 12 de julio, según la propia señora Miranda y demás noticias que se pueden ver respecto al caso, el asesinato de su hijo en el departamento de Juana Hilda sucede en la madrugada del 12 de julio, a las 5 de la tarde Juana Hilda baja a pagar un pedido que ha hecho, ve entrar a policías y hasta la propia señora Miranda le pregunta en donde está el departamento 4, respondiendo que arriba y que enseguida les atiende, sin embargo cuando entra en el edificio la llama su amiga de la planta baja y se queda con ella. Creo que en ninguna mente normal cabe el pensar que alguien que en su departamento han matado a una persona unas horas antes, vea a la policía y se quede tan tranquila, esto es por demás absurdo, de ser verídica la versión del crimen, Juana Hilda todavía estaría corriendo quien sabe por dónde. Por otro lado la preguntan en dónde estuvo la noche anterior y responde que en el cine con una amiga. Si como dicen fue al cine con Hugo Wallace, hubiese dado otra versión, dice que fue al cine porque estaba por demás tranquila. Por otro lado el chofer dice no reconocerla y da otras características diferentes a las de Juana Hilda. Además, el nombre que dan a Hugo de la muchacha que le van a presentar, es el de Claudia, si bien es cierto que podría haber cambiado el nombre en el caso de que ya pensaran en la acción delictiva, no lo es menos que también podía dar su nombre verdadero, puesto que a Jacobo lo conocía, es decir, en caso de estar planeando el secuestro los acusados y como según se dice lo estaban haciendo, es evidente que lo tendrían que matar, pues Hugo ya conocía a quien se supone planeó todo, A Jacobo Tagle, por lo mismo Juana Hilda no necesitaba cambiarse el nombre.
Hay otro detalle por demás interesante que pone en duda la tesis de la señora Miranda. Se supone que Juana Hilda llega al departamento con Hugo y entonces lo ataca Freyre y sus cómplices hasta quitarle la vida. En la declaración que hace la señora, dice que cuando los secuestradores se comunican con ella le mandan una foto de su hijo desnudo y amordazado. ¿Cómo le sacan ésta foto si se supone que al momento de entrar en el departamento hay una lucha de los secuestradores con él y lo matan?
Hay otros detalles que no concuerdan en lo más mínimo. Dice la señora Miranda que el niño, hijo de Vanesa, le dice que de madrugada bajaron a un hombre herido. Por un lado se hace extraño que el niño estaría despierto de madrugada para ver esto, pero la propia señora Miranda dice en la declaración, que tras asesinarlo le cercenaron, por lo que es imposible que entonces lo bajasen entre dos hombres como indica el niño. Dice también, que Vanesa, la amiga de Juana Hilda, reportó que había una pelea en el departamento 4 y se escucharon disparos. ¿Y los demás vecinos no escucharon nada? ¿Y la policía por qué no acució? Resulta extraño y esto al margen de que como podemos ver en la declaración de Juana Hilda que nos hace, Vanesa estaba al igual que ella completamente tranquila cuando llega la policía preguntando por el departamento de Juana Hilda.
-Cómo voy a dejar la camioneta cerca de dónde vivo si he secuestrado a alguien –dice Juana Hilda.
Y efectivamente, es otro detalle del que ya me había dado cuenta. Nadie en su sano juicio deja una prueba tan evidente cerca de donde se ha cometido el delito. Por otro lado cabe señalar, como lo indica tanto Juana Hilda como la señora Miranda, que en la camioneta no se encontró ninguna huella.
-De Freyre qué puedes decir, ¿crees que también es inocente o existe la posibilidad de que no lo sea? –le pregunto.
-Mira, yo por él no metería las manos al fuego, pues sí era algo bronco, pero tampoco puedo decir que tenga algo que ver, yo sinceramente no lo sé.
-Pero entonces tú no conociste a Hugo Wallace.
-No, para nada.
-La señora Miranda dice que en tu departamento se encontró la licencia de manejo de su hijo.
-Eso no es cierto.
En verdad resulta extraño que aparezca la licencia de manejar sola. Es de suponerse que Hugo llevaría cartera, por lo que no tiene sentido que le hayan sacado la licencia y la hayan dejado en el departamento como prueba evidente de que ahì estuvo. Esto en realidad lleva a la firme sospecha de que por cualquier medio se quiere acusar a la joven mujer.
-La señora Miranda dice que hablaron al teléfono de Hugo del tecel de tu hija.
-Eso no puede ser, es otra mentira más. Mi hija vive en Aguas Calientes y ahí estaba con su padre por esos días y además tiene 11 años.
-Según la señora Miranda y los medios en donde sacan el tema, tú te declaraste culpable y hasta dijiste todo lo que pasó en el departamento y cómo asesinaron a Hugo Wallace.
-Yo como te cuento en el escrito que te doy, hice declaraciones diciendo siempre que nada tenía que ver, sin embargo aquel 8 de febrero del 2006 me cambiaron toda la declaración, es la que me querían hacer firmar bajo amenazas, pero hay más, existe un video que yo digo todo eso que dicen, es algo increíble, porque me ves y parece que efectivamente, estoy declarando consciente, hasta yo misma me sorprendí, sin embargo que yo sepa nunca hice tal declaración, fue cuando perdí la noción de todo esa misma noche y que coincidiría con el accidente.
-¿Tienes alguna idea o qué piensas de lo que puede haber sido del señor Hugo Wallace?
-Yo pienso que hasta puede estar vivo en algún otro país. ¿Por qué no se ha encontrado el cadáver si está muerto? A Cesar Freyre y los supuestos cómplices se que los torturaron de fea manera, de ser culpables ya hubiesen tenido que decir algo.
Buena observación que de igual manera muchos nos preguntamos ¿Es posible que ante las torturas no hable? Puede que uno lo haga, pero hay que tener en cuenta que son tres.
-Y de Jacobo Tagle ¿qué me puedes decir?
-Yo creo que hasta lo han podido matar, porque nadie hemos sabido nada de él.
-¿Pero crees como dicen que pueda ser el organizador de todo?
-Tampoco lo sé, yo lo conocía del trabajo lo mismo que a Brenda y los veía buenas personas. Yo no los puedo ver como delincuentes.
-¿Por qué piensas que te están metiendo en este problema?
-Unos policías en una ocasión me dijeron que estaban hasta la madre de la señora y que tenían que tener culpables para que los dejase en paz.
Debo confesar que hacía un rato me había tomado un café afortunadamente, pues si lo tomo en ese momento de seguro me atraganto con la risa que me dio.
-Pues entonces no es raro que ande por ahí huido si hasta la policía teme a la señora –le digo en broma.
¿Qué motivos puede tener una mujer como Juana Hilda para meterse a delinquir?
-¿Cómo te sentías con tu trabajo?
-De maravilla, hacía lo que me gustaba.
-¿Y problemas económicos supongo no tendrías?
-Para nada, yo ganaba entre 40 a 50 mil pesos mensuales.
-¿Y tomabas, fumabas o te has drogado alguna vez?
-Nunca me ha gustado nada de esto, mi único vicio es el baile y eso es lo que hacía, aparte de videos, modelar etc. Todo legal, jamás se me hubiese ocurrido meterme en un problema así.
-Dicen que cuando te detuvieron enseñaste una credencial falsa ¿Es cierto?
-Sí, yo la usaba porque como persona pública luego me sentía incomoda, pero nunca fue con la idea de cometer algo ilegal.
-En el ambiente en el que te desenvolvías has tenido que conocer mucha gente importante ¿No te han podido ayudar?
-Si conozco mucha gente del medio del espectáculo sobre todo, pero el problema es por el resto de los acusados, no pueden hacer nada por que sería o tal vez se consideraría que están apoyando a la banda como dicen. Fíjate que poco antes de la detención, en un viaje que hice a Miami, pues hasta pensaba quedarme a vivir allá, coincidí en el avión con un político X (se trata de los más importantes de México), intercambié número telefónico con él y ya acusada de esto sentía mucha vergüenza cada vez que pensaba en ello.
-El grupo en el que trabajabas adquirió renombre con la famosa canción de: “La Mesa que más Aplauda”, ¿Qué pasó con ellos?
-Fue también a verles la Señora Miranda, le dijeron que de mi vida privada ellos no sabían nada, que era mi vida y no tenían porque meterse en ella.
-Se ve que la señora Miranda no te suelta, está completamente segura que eres culpable al igual que los demàs.
-Así es. Yo la verdad que hasta miedo tengo de salir ahora de la cárcel, me vaya a mandar matar, pues lo que está claro que la señora es muy poderosa, incluso pienso a veces que el accidente que tuve pudo ser provocado para matarme.
La tranquilizo diciéndole que el accidente seguro que fue eso, pues nadie choca para matar a alguien de tal forma que el muerto pueda ser él y en cuanto a la señora Miranda de seguro no la hace nada saliendo de la cárcel, tampoco creo que sea así como para mandar matar a alguien, simplemente está con la idea de que alguien tiene que pagar por la desaparición de su hijo y se ha centrado en ella como si fuese la culpable.
-Pero su hijo sabemos que en el 2001 estuvo en el Reclusorio Oriente por delito contra la salud –me dice Juana Hilda en sorprendente confesión. -¿Por qué no puede ir por ahí lo de su secuestro? ¿Por qué se ha tenido que ensañar conmigo de esta manera?
Me habla de la prensa. La han ido a ver muchas veces y rechaza entrevistas.
-Fíjate que un día una periodista me decía que porque no le confesaba en dónde estaba el cadáver de Hugo Wallace. Le dije que no les iba a decir nada, porque si yo decía algo ellos decían otra cosa, entonces que digan lo que les dé la gana.
-Te entiendo perfectamente Juana Hilda, si hay algo que de sobra conozco es a la prensa, siempre y salvo honradas excepciones, siempre dispuesta a servir al poderoso.
A veces con sus tristes ojos negros me cuenta sus desventuras, en otras ocasiones parece cobrar ánimos a pesar de las injusticias que se están cometiendo con ella.
Saben que la pueden llegar a sentenciar 40 años, pues todo ha estado plagado de irregularidades, como lo fue la supuesta reconstrucción de hechos, la cual se efectuó 7 meses después de éstos y cuando en el departamento 4 de Perugino, ya vivían otros inquilinos, a los cuales sacaron para hacer esa reconstrucción. Sin embargo en esos sentimientos encontrados se le ilumina la esperanza y piensa que le puede llegar la justicia y ser liberada. Todo dependerá del juez que la vaya a sentenciar.
Hay un detalle curioso y hablando de jueces. Resulta que Hilda tenia que saber que Cesar Freire era un delincuente y tenía armas porque era su novia y sin embargo, una reina de la belleza del Norte, que iba sobre un arsenal de armas con su novio y varios gatilleros de escolta, no tenía porque saberlo y la dejan libre. Situaciones raras que pasan.
-Juana Hilda, la señora Miranda también dice que en el departamento encontraron sangre que coincidía con la del señor Wallace.
-Encontraron una mancha y cuando se les pidió que nos dieran una parte a la defensa para analizarla dijeron que no llegaba para más, se había acabado.
Esperando el juicio y aunque con temores, confiando en que se le haga justicia, pasa el tiempo dando clases de aeróbic y en otras actividades. Ahora, para alegrarle un poco la vida, a llegado a ella esa hija nacida en prisión. Espera tenerla un poco tiempo y luego que se la lleve su mamá a Guadalajara. La cárcel no es lugar para ella.
-¿Qué más quieres agregar para tu blog Cárcel de Mujeres?
Son demasiadas las cosas ilógicas que se están diciendo sobre esto como puedes ver y por este tipo de situaciones yo quisiera invitar a la gente de verdad interesada para que se den cuenta de la verdad; pero la verdad auténtica, no la verdad que dicen ellos y están en los falsos expedientes de: Creo, parece, dicen, escuché y demás estupideces que no terminaría. La situación real es que es injusto que trunquen más que una carrera, una vida, una vida la que nunca se volverá a vivir con esa libertad de inocencia que antes yo vivía; porque este lugar está lleno de maldad, de rencor, de coraje, de venganza y tan sólo le pido a Dios, que bien sabe que soy inocente, que pronto recupere mi vida, mi familia y mi libertad.
-Para terminar Juana Hilda, ¿Qué le dirías a la señora Miranda.
-Lo único que la puedo decir es que yo no conocí a su hijo, que nada tengo que ver con su desaparición, que yo también soy madre y jamás me he dedicado a la delincuencia.
-Juana Hilda, muchas gracias por esta entrevista y ojalà pronto te veamos en la calle.
-Gracias a ti por dar a conocer esta realidad.
Conclusiòn: La señora Isabel Miranda siempre serà admirada por su lucha contra la delincuencia, sin embargo el acusar a una inocente cuando una culpable puede estar libre no la lleva a nada.

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