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LAS CANTÚS

junio 9, 2013

Templarios

Uno piensa ante una tremenda injusticia que no puede haber otra mayor, cuando sorpresivamente se encuentra que la anterior ya ha sido superada.
Por cuestiones de estética los títulos deben ser cortos, procurando que entren en una sola línea y el espacio es limitado, pero bien podría titular este artículo: “La tragedia de la familia Cantú” y es que está historia está llena de injusticias, dolor y muerte. Ésta es una de esas historias que bien sirven para medir la sensibilidad de las personas, permanecer insensible ante historias como éstas es ser una persona sin un mínimo de sentimientos.
Al ver la foto que encabeza este artículo, el tal Alejandro Martí y muchos como él dirían: “Una banda de secuestradores menos” y es que para esta gente, llena de odio, todo el que es acusado por las llamadas autoridades de ser un delincuente lo es sin más. Para esta gente los delincuentes secuestradores son el propio pueblo, del que han vivido y se han enriquecido y curiosamente, cuando tienen un problema quieren la solidaridad de ese pueblo al que agreden sin miramientos. No quieren, porque no quieren saber, que mucha de esa gente tratada como criminales, viven auténticas tragedias y lo más grave, lo verdaderamente grave, es que son inocentes.
Ocho de noviembre del 2012 será un día inolvidable y no por bueno, sino todo lo contrario, para la familia Cantú Muñoz, aunque para su desgracia no será el único
Son como las nueve de la noche. En su domicilio de Ixtapaluca, Estado de México, se encuentra Areli Cinthya Cantú Muñoz. Con ella está su amiga y compañera de trabajo Itzel, quien desde hace como tres meses vive con Cinthya. Con ellas también se hallan el hijo de Cinthya, de 13 años y dos amiguitos de éste. De repente golpean con gran violencia la puerta: patadas a ésta, rotura de vidrios, hombres encapuchados que entran en la casa gritando con insultos, golpeando a las mujeres, humillándolas. Lo que era un hogar tranquilo en segundos se convierte en un infierno. Los niños lloran, las mujeres están aturdidas. Areli a sus 30 años no puede comprender que sucede, jamás ha hecho daño a nadie, no tiene enemigos. Casi arrastras y a tirones de cabellos son sacadas del domicilio. Numerosos vecinos se asoman a las ventanas o ven desde las aceras como suben con lujo de violencia y en distintos carros a las dos mujeres. También se llevan a los niños. Desde el carro en el que está Cinthya todavía alcanza a ver algo asombroso, al parecer no tienen la cantidad de “miembros de la banda” que requieren para engañar a la opinión pública por lo que a un joven que camina tranquilamente con otro amigo lo detienen y sin más ni más lo suben a otro carro.
A las dos mujeres y al joven los llevan a una casa. En ésta se encuentran dos hombres, uno de ellos tiene el brazo, a la altura del codo, completamente inflamado de las torceduras que le han dado. Los dos han sido brutalmente golpeados.
Tanto Cinthya como Itzel tienen en sus celulares un número telefónico, pertenece a un taxista, al cual llaman seguido cuando salen tarde del trabajo para que les dé servicio. Le dicen a Cinthya lo llame, ésta se niega y dice que no tiene crédito, la golpean para que llame pero enseguida le piden lo mismo a Itzel, quien la última llamada marcada en su celular es precisamente a ésta persona. En un principio se niega también a llamar, pues las dos mujeres alegan que es el taxista que las suele dar servicio, al fin Itzel le llama y lo cita en la casa. Cuando llega es detenido y pasará a ser parte de la “Banda”.
Según saldrá en la prensa, esa es la casa de seguridad en donde detienen a toda la banda y liberan al secuestrado, lo que como estamos viendo es una gran mentira.
En esta casa ponen a todos contra la pared y les toman unas fotos. Estas fotos serán destruidas ya que hay menores de edad. Los detenidos son de nuevo subidos a diferentes carros y tras un recorrido como de quince minutos se paran en una calle. Cinthya ve que entran los policías en otra casa y sacan a Karen, otra compañera que trabaja con ellas y en cuyo celular también está el número del taxista, las tres los tienen porque las tres pueden necesitar por separado de sus servicios, algo natural.
Los llevan a todos ante el ministerio público. Dos mujeres más aparecerán en escena para hacer un total de doce detenidos. Cinthya conoce a sus dos compañeras y al taxista, al margen claro de está de su hijo y sus dos amiguitos, a los demás los desconoce por completo y ellos confirmaran lo mismo, no conocen de nada a Cinthya.
Entre risas comienzan a preguntarse unos a otros que nombre le ponen a la banda: Los Zetas, La familia Michoacana, Los caballeros templarios… Dieron en el clavo, será una célula de los “Caballeros Templarios”.
Para que todo sea real falta naturalmente la confesión. La confesión, como suelen hacer y lo sé por propia experiencia, la hacen ellos y ya hecha te la dan para que la firmes. Cintyha se niega a firmar, pero no cuenta con la terrible crueldad de esta gente. Su hijo sigue detenido al día siguiente. Le ponen al niño frente a ella, sacan una pistola y se la ponen en la cabeza.
-Tú decides, firmas o no –le dice una persona, bueno, un tipo de estos, porque persona le queda muy grande.
La madre, al ver a su hijo que lo están amenazando con una pistola en la cabeza no duda en firmar. Cuando va a ver el documento la dicen que no tiene porque leer nada. Así una buena mujer, una buena madre, se culpa para que dejen libre a su hijo, lo cual hacen de inmediato y hasta le ofrecen dinero para que se compre unos tamales y atole. El pequeño queda libre junto a uno de sus amigos, El otro quedará definitivamente como miembro de la banda
Cintia le dice a su hijo que le avise a su tía de lo sucedido, pero que no le diga nada a su abuelita para no preocuparla. El pequeño va con su tía Alejandra, le cuenta lo vivido, ésta le avisa a su madre y comienzan la búsqueda de Cinthya.
Ésta junto a la “Banda” ha sido trasladada a Toluca, en donde serán presentados a la prensa.
Siempre fieles a los dictados de la policía y sin más investigaciones, ese mismo día comienza a salir en internet y como noticia de última hora también en televisión. Es sábado y hasta el martes estarán como gran noticia. Encabezados como éste adornan las primeras páginas de los diarios: Los Caballeros Templarios desplazan a La Familia Michoacana en el Estado de México. Los delitos de esta temible “banda” son tres secuestros y dos homicidios, además se dedicaban a extorsionar y cobrar derecho de piso a centros nocturnos. Según el propio Procurador señala que están todos confesos. Ya vimos como confiesan.
Pero ante el juez y según cuenta Cinthya, no sólo se les acusa de estos delitos sino de 25 secuestros y 50 homicidios ni más ni menos.
Al entrevistarla, 6 de junio de 2013, resulta que tan sólo se le sigue proceso por el secuestro de una persona, todo lo demás les han sido retirados a la “banda”. Se encuentra dentro del proceso en desahogo de pruebas.
Durante el proceso comienzan las grandes contradicciones que rayan en lo absurdo. Ese mismo 8 de noviembre a la mañana, es secuestrado un hombre de 55 años cuando sale de su domicilio en su carro. Horas después será puesto en libertad. El secuestrado en dos audiencias que tiene el menor dice no reconocer a nadie, en otra dice que Cinthya era una de la que lo guardaban. Cuando hacen ver al juez las contradicciones en las que está cayendo el secuestrado éste dice que está muy nervioso porque no está acostumbrado a estas situaciones.
Ahora resulta que Cinthya es detenida en una gasolinera cuando se dispone a cobrar el rescate, pero a su vez la ubican en la casa de seguridad siendo la persona que pone en libertad al secuestrado y esto sucede en los momentos anteriores a cobrar el supuesto rescate. Es decir, al parecer Cinthya se divide en dos, una parte se queda en la casa y libera al secuestrado mientras que la otra parte está en la gasolinera cobrando el rescate, la dirección que se da de la mencionada gasolinera no existe. Otro absurdo de esta historia es lo que piden de rescate: Una camioneta y dos aparatos electrónicos. Esto para repartir entre diez personas. En las fotos que salen en la prensa, la primera mujer de la izquierda con chamarra negra, es Cintia. Y queda la duda, ¿La detienen en la casa de seguridad o en la gasolinera? Pues ya hemos visto que en ninguna de las dos.
Recuerdo cuando la presidenta del PAN a la presidencia Josefina Vázquez Mota decía que la policía iba a guardar los intereses del pueblo y proteger a éste. Me preguntaba yo cómo iba a conseguir semejante milagro, la respuesta es sencilla, de ganar la presidencia el tal milagro no iba a existir, todo es palabrería y falsas promesas para llegar a la presidencia. Eso debería ser el trabajo del policía, servir y proteger a pueblo pero es todo lo contrario, roban lo que pueden, torturan y acusan a inocentes y es que vean, la historia de la familia Cantú no termina con el encarcelamiento de Cinthya. Lo peor está por llegar.
Patricia Muñoz Omaña, tenía 54 años y era de profesión maestra. Por encima de todo es madre y desde que se entera de que su hija Cinthya, la segunda de tres hermanas, ha sido encarcelada, no deja de luchar por la libertad de su amada hija. Va ante ministerios públicos, ante el fiscal de secuestros del Estado de México y les habla fuerte, les exige la libertad de su hija. Resulta que se enteran que éste fiscal es amigo de la persona que le hizo firmar su declaración de culpabilidad a Cinthya y algo, no se sabe qué, molesta a alguien.
Varias veces comunica a las hijas que no teme lo que le pueda suceder a ella, lo único que desea es que su hija quede libre y a las otras dos que no les pase nada.
Nada le tiene que pasar, pues no tiene enemigos, es una mujer que del trabajo va a su casa y de su casa al trabajo, el único problema lo tiene desde que injustamente encarcelan a su hija y como madre está en todo su derecho de defenderla.
El cuatro de marzo del 2013, cuatro meses después de la detención de Cinthya, quedará gravado en la historia de las hermanas como el más negro de sus vidas.
A la mañana Cinthya habla por teléfono con su madre, será la última vez que lo haga en la vida. Son poco más de las cuatro de la tarde. La maestra camina despreocupada por la calle. Al más puro estilo mafioso colombiano una moto con dos individuos llegan por la espalda de la indefensa mujer. Oye el ruido de un disparo y siente el impacto en su cuerpo, trata de voltearse pero no lo consigue, otros tres o cuatro tiros la alcanzan. Uno de ellos pega en su celular sin llegar a su cuerpo. La madre queda tendida en el suelo herida de muerte mientras que los miserables asesinos huyen del lugar. Aún con vida es llevada al hospital. Llega Alejandra, la hija mayor junto a un tío y la sobrina de Georgina, quien será avisada por su hermana de la tragedia. Con los nervios deshechos, poco antes de las siete de la tarde, reciben la tremenda noticia, su madre ha fallecido.
Fácil es imaginarse el golpe brutal que recibe Cinthya cuando se entera de la noticia. Cuando me habla de su madre sus ojos negros y profundos parece que se van a llenar de lágrimas, pero su fortaleza es tremenda y ni tan siquiera la voz se le quiebra.
Dulce Georgina Cantú parece tomar el relevo de su madre y comienza una titánica lucha en busca de justicia. Apenas va a cumplir los 22 años, es estudiante de universidad y su vida ha cambiado por completo. Sabe a los peligros que se enfrenta, sabe que su vida puede estar en peligro, pero su principal objetivo en la vida, al margen de que sean detenidos y castigados los asesinos de su madre, es ver libre a su hermana y no deja de visitarla todos los días de visita.
Uno no se explica como puede haber seres tan miserables que acaben con la vida de gente buena por una simple venganza o porque algo no les gustó. En verdad que hasta coraje da que gentuza de ésta pertenezca al género humano.
Llego a esta historia tras contactar en internet con Georgina por medio de un tercero. En su twitter no deja de pedir justicia para su hermana y en su mente está la certeza de quién es el responsable del crimen de su madre. Aunque a decir verdad los responsables son muchos, al margen de las alimañas que dispararon contra la indefensa mujer y alguna autoridad, están también los que injustamente acusaron y encarcelaron a Cinthya, pues la muerte de su madre es consecuencia de este encarcelamiento.
Durante dos meses aproximadamente sigo a Georgina en twitter, además de intercambiarnos algunos correos. Me parece que está arriesgando demasiado, se lo digo a su hermana y está de acuerdo conmigo, me señala que ella ya le ha dicho que deje las cosas de momento como están y no se arriesgue.
Ya en mi domicilio le mando un correo a Georgina y le comento lo que he platicado con su hermana sobre ella y los riesgos que corre. Me responde con el siguiente correo:

“¿Sabes? Días antes de morir, mi mamá y yo platicamos y ella me dijo “hija, no tengo miedo de lo que pueda pasarme a mí, me da miedo por ustedes, si te hacen algo a ti entonces sí “, aún horas antes de morir estábamos platicando también y de pronto se le salieron unas lágrima y me dijo “ya quiero que tu hermana salga” yo le contesté que no se preocupara que todo iba bien. El día que por fin encontramos el Ministerio Público mi mamá estaba súper mal y me preguntó “¿crees que Cinthya salga?” y yo le respondí que haríamos todo lo que fuera necesario, me tomó de la mano y me dijo gracias.
Todos los días recuerdo esas palabras y siento que si dejo de hacer todo lo que estoy haciendo entonces estaría rompiendo mi palabra, le fallaría a mi mamá, a mi hermana y a mí misma. El día que velamos a mi mamá yo le dije que no se preocupara, que íbamos a sacar a Cinthya y sé que se fue tranquila porque sabía que nunca abandonaríamos a mi hermana.
Son muchas cosas las que siento y que no me dejan ser de otra forma. Hace poco tuve un sueño que me hizo darme cuenta de las ganas que aún tengo de vivir y lo importante que es que cuide mi vida, es muy duro para mí no poder hacer planes respecto a nada porque no sé cómo se pondrán las cosas, si tal vez tendremos que huir otra vez pero después pienso que lo que está en juego es la libertad de mi hermana, ella tiene hijos y creo que si algo me pasara le dolería muchísimo pero si ella está libre podrá estar con sus hijos y rehacer su vida. De verdad, no puedo actuar de otra forma, no lo concibo, lo que sí prometo es cuidarme mucho, mi otra hermana y yo estamos tratando de tomar precauciones y prever las cosas”.

Amigos, amigas, al leer esto se me pone un nudo en la garganta, no niego que las lágrimas acuden a mis ojos y siento un tremendo coraje y cómo no sentirlo, cómo no maldecir a los miserables, a los inhumanos a esas bestias salvajes que martirizan así a estas indefensas mujeres que jamás hicieron mal a nadie.
Cinthya se quedó sin abogado particular tras el asesinato de su señora madre, pues ella lo pagaba y a pesar de que la joven Georgina señala que se va a hacer cago de los gastos, el abogado renuncia. Ahora es defendida por uno de oficio. Sus esperanzas de salir libre son grandes, pues sabe que es inocente. En alguna ocasión, viendo a su joven hermana defenderla, pensé si tendría razón o si tal vez se equivocase y como hermana la tenía que defender. No conocía absolutamente nada del caso, lo primero que supe es lo que vi en internet que decía la prensa, que es como no saber nada, así que no podía opinar, Ahora, lo puedo decir a ciencia cierta, sin el más mínimo temor a equivocarme, que Cinthya Cantú Muñoz es completamente inocente de lo que la acusan.
Casualmente, el día que la entrevisto va a recibir sentencia el menor de edad implicado en el caso. Dos días después me enteraré que le sentencian a cuatro años, lo que no es buena señal para Cinthya, esperemos que con ella se haga justicia. Digo justicia por decir algo y en cuanto al salir libre, pues jamás podrá olvidar que por una injusticia perdió a su madre.
Me despido de la joven y valerosa mujer, tengo la sensación de que siente lo mismo que yo sentía cuando alguien me visitaba y se iba, que me gustaría irme con él.
Al margen de lo que suceda con Cintia y que esperemos sea lo mejor, su libertad, está el caso de Georgina, ella está en peligro y es obligación del gobierno proteger su vida y para ello, nada mejor que detener lo antes posible a los asesinos de su madre. A ellos responsabilizamos de cualquier cosa que la pueda pasar.
Vaya desde aquí toda mi solidaridad para estas grandes y sufridas mujeres.

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